Retiró doscientos mil dólares de la corporación en un solo movimiento, para una compra que no daba espera. El dinero era suyo. La forma de sacarlo, no la eligió él: la eligió la urgencia.
La factura efectiva de ese retiro fue del cuarenta y siete por ciento. No porque hiciera algo mal, sino porque todo el monto cayó en el tramo más alto del mismo año.
Repartido en el tiempo, con un plan armado antes de necesitarlo, ese mismo dinero habría salido a una tasa muy inferior. La diferencia no fue de suerte: fue de anticipación.
La urgencia siempre paga la tarifa más cara.
Extraer capital de una empresa no es un evento; es una secuencia. Cuánto, en qué forma y en qué año son tres decisiones distintas, y el orden entre ellas es lo que define la factura.