Tres asesores en seis años, y al final la misma estructura. No es un problema de talento; los tres eran competentes. Es un problema de qué pregunta responde cada oficio.
El contador responde por el pasado: presenta bien lo que usted ya decidió. El banquero responde por el riesgo: presta sobre lo que ve. El agente responde por un producto: coloca lo que tiene en el catálogo.
Ninguno de los tres tiene el encargo de leer el conjunto y decir en qué orden conviene decidir. Ese encargo hay que darlo a propósito, y casi nunca se da.
Cada oficio responde bien una pregunta distinta. El conjunto no le toca a ninguno por defecto.
El trabajo que falta no compite con el contador ni con el banco: los ordena. Primero el mapa completo, después cada decisión en su momento.