Voy a su sala, sin costo, y explico cómo funcionan de verdad el retiro y el ahorro educativo en Canadá. Noventa minutos, sin vender nada.
Cámaras de comercio, gremios, organizaciones sin fines de lucro e iglesias en Ontario. Cualquier grupo que reúna gente que trabaja y ahorra acá.
Doce personas alcanzan. No hay mínimo que valga la pena inventar: una sala chica que escucha vale más que un salón lleno que mira el teléfono.
Qué paga de verdad el gobierno, cuándo lo paga, y qué queda para que usted lo cubra. RRSP y TFSA son dos cuentas, no un plan — la charla es sobre el orden en que se deciden.
El aporte que deposita el gobierno, qué cuesta reclamarlo tarde, y por qué un año sin aportar es un año que no vuelve. Con los números, en el tablero.
Porque la sala es el público. Una sala que ya me escuchó es de donde sale mi práctica, y eso me conviene lo suficiente como para no cobrarle a la organización.
Lo digo al principio de la charla también. Nadie se queda noventa minutos en una venta que le presentaron como educación.
Sesenta de charla, treinta de preguntas. Las preguntas son lo que la gente recuerda.
En cualquier punto del área metropolitana de Toronto. Más lejos, por video.
El que hable su sala. No los dos a la vez: así se pierden todos.
Sin nombres de producto y sin formularios circulando. Quien quiera seguir hablando me busca después.
Cuatro datos. Le contesto yo, no un formulario automático.
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